
"Servicio", del latin Servitium (pariente del más clásico servitudo). Como se ve, emparentado con Servus, "esclavo".
En griego, la palabra thérapôn, de donde 'terapia', está atestiguada desde los textos homéricos. En ellos, un thérapôn era un criado, un chico que sostenía las armas de un guerrero, se cuidaba de sus caballos, de su tienda... de todo lo que a éste le permitía concentrarse sólo en entrar en combate. Con el tiempo, entre los griegos, thérapôn pasó a significar más ampliamente un 'cuidador', como es el caso de un médico que, no lo olvidemos, en la antigüedad era una profesión en la mayoría de las culturas desempeñada por esclavos o sirvientes.
En el corazón de la palabra 'servicio', asi como en el de 'terapia', veo un significado muy profundo: el del esclavo que se olvida de sí y de lo suyo para ponerse a disposición del otro, para lavar los pies o cuidar al otro para que pueda volver a afrontar el combate.
Desaforunadamente, a menudo profesionales del servicio y de la terapia (médicos, por ejemplo), olvidan en qué lado del pedestal se encuentran, poniendose por encima de sus pacientes (quienes, como sugiere la palabra, realmente "los sufren") y muy a diferencia de sus antepasados, incapaces de escucharlos, los juzgan según su propio ego y no por lo más importate: la necesidad con la que el otro acudió a ellos. Sólo es, claro, una opinión.
El servicio de verdad tiene para mí auténtica mentalidad servil. Es selfless o "ausente de sí". Cuando sirvo, yo debo escoger a quién sirvo: si a mi ego o a la persona que tengo delante.
Imagen: mural.uv.es/dosagar/romana.htm