
Sin duda es una de las figuras más queridas, más seductoras de toda la humanidad, nuestro Ulises, Odiseo, el viajero, el astuto, el divino sufridor.
Homero llama con diversos nombres al héroe: "polymêchanos", el de múltiples engaños; "políporos", el de muchas salidas; "polýtlas", el que pasa por muchos sufrimientos...
En Odiseo, todo es "poly-", todo es múltiple, mucho, vario... Nada es suficiente para este héroe que tardó diez años, conoció todas las costas y dio la vuelta al mundo conocido para volver a su casa.
Ulises anda perdido por el mundo, insaciable de novedad. Perdido hacia afuera, entre cíclopes, mujeres y dioses; insaciable también su ingenio, su curiosidad, su única arma y su eterna huida. Su manera de ganar las batallas nunca es directa y nunca heroica... lo convencional, lo heroico, lo directo, no son para Ulises. Incluso quien escucha sus sufrimientos lo hace con una sonrisa en los labios, esta misma sonrisa que el viejo truhán arranca de todo aquél que, desde el inicio hasta hoy, lo acompaña en su viaje.
La fantasía de Ulises es inagotable, como sus recursos, y tan absorvente, que lo atrapa a él mismo y a quienes están a su alrededor. Quiere volver a casa, sí. De verdad, esto es lo que quiere; pero ¿qué dios infuriado se le ha puesto en contra, obligándolo a navegar, navegar siempre, y llevar a los suyos de puerto en puerto, de aventura en aventura, en un viaje siempre nuevo, siempre excitante... y siempre en pos del regreso?
Y regresa, sí, pero regresa solo: ha perdido a todos sus compañeros por el camino. Los primeros, víctimas del castigo divino por haber profanado las vacas del dios Sol. Algunos, devorados por el cíclope al que él se acerca; otros, convertidos en animales por una maga encantadora. Unos más, ahogados en naufragio, causado por su empeño por cruzar los escollos de las Caribdes...
Detrás de Ulises, quedaron su hijo y su esposa, esperando, armados sólo de esperanzas, el regreso de aquél hombre, el único hombre, que habían conocido,
...y que en aquel momento, vive víctima inocente de un hechizo de olvido con el que otra maga, Calipso, le ha capturado... hasta que finalmente puede más el hastío por su feliz inactividad que los poderes de la ninfa siempre joven.
... Y dicen que Odiseo, habiendo regresado a casa y recuperado su trono, tras una corta estancia en Itaca, dejó de nuevo a su paciente esposa, volvió al mar, a su medio, y de allí, tal como había predicho el adivino Tiresias, le sobrevino la muerte.
Imagen: Claude Lorrain, "Départ d'Ulysse du pays des Phéaciens". Paris, Louvre